No eres tú, soy yo…

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Cada vez más aspectos de la vida cotidiana se trasladan al mundo digital. Las relaciones de pareja, las rupturas, el amor… No podían ser menos y, tanto para bien como para mal, estamos ligando cada vez más nuestras relaciones personales al entorno digital. Hoy os hablaremos de un fenómeno denominado Ghosting.

 

¿En qué consiste? El Ghosting –término que ya se ha hecho oficial en el entorno anglosajón- es aquella práctica que se lleva a cabo cuando quieres dejar a alguien o romper con él y la estrategia a seguir es “desaparecer” tecnológicamente. Es decir, ni contestar mensajes, ni mails, ni llamadas… Nada, ningún tipo de respuesta o interacción.

Ciertamente es un tema controvertido que no deja de ser un paso más en las cada vez más empobrecidas relaciones personales. Existen varios factores que confluyen en este tipo de actos y que nos indican cuáles son los motivos por los que alguien se inclina a realizar acciones de este tipo: inseguridades, es un acto fácil de llevar a cabo, incapacidad para afrontar rupturas, evitar conflictos, etc.

La existencia de webs y aplicaciones de contactos permiten en cierto modo que las relaciones cada vez sean más impersonales. Si podemos intentar emparejarnos con alguien a través de un extenso catálogo de candidatos, practicar el Ghosting resulta igual de cómodo y sencillo para esa persona. Pero hay un punto que se debería tener en cuenta y no es así: el sufrimiento de aquel o aquella que deja de recibir llamadas y mensajes y no recibe respuesta alguna. Probablemente esta persona quedará un tanto afectada a nivel psicológico. En la mayoría de ocasiones es más perjudicial la indiferencia que el haber obtenido una respuesta negativa.

Por desgracia es una práctica cada vez más habitual. Las parejas de “usar y tirar” parece que están en aumento y cada vez son más hombres y mujeres los que lo han practicado o lo han sufrido. De cara a un público más adolescente no es el mejor ejemplo y, por desgracia, este hábito también está muy extendido entre este sector de la población.

No es un buen ejemplo a seguir ni una buena práctica. No podemos pretender apoyarnos en la tecnología –en este caso no haciendo nada- para que nos salve la papeleta de quitarnos un marrón de semejantes dimensiones. Un poquito de valentía, ¿no?

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